4 febrero, 2026

El mercado de los smartphones «gaming» suele ser un terreno donde la sutileza brilla por su ausencia, y el nuevo iQOO 15 Ultra no ha venido a cambiar eso, sino a elevar la apuesta. Acaba de ser presentado en China y, sinceramente, sus especificaciones parecen sacadas de una carta a los Reyes Magos escrita por un entusiasta del hardware. No solo monta lo último de Qualcomm, sino que integra soluciones de refrigeración activa que hasta hace poco eran impensables en un móvil convencional sin que pareciera un ladrillo.
Lo más llamativo de este dispositivo no es solo su potencia bruta, que la tiene a raudales, sino cómo pretende gestionarla. En un momento donde los procesadores móviles alcanzan temperaturas que podrían freír un huevo, iQOO ha decidido meter un ventilador dentro del chasis. Esto, sumado a una batería inmensa, plantea una pregunta interesante: ¿estamos ante el móvil definitivo para jugar o ante una demostración de fuerza técnica que, quizás, sacrifica demasiado la ergonomía para el usuario medio?

El corazón de esta máquina es el Snapdragon 8 Elite Gen 5, un chip fabricado en 3 nanómetros que promete dejar en ridículo a la generación anterior. Pero como bien sabemos, la potencia sin control no sirve de nada (y el estrangulamiento térmico o throttling es el enemigo número uno). Aquí es donde entra en juego su sistema «Ice Dome». A diferencia de otros móviles que dependen solo de cámaras de vapor pasivas, el iQOO 15 Ultra usa su ventilador y una cámara de vapor gigantesca para mantener el rendimiento sostenido. Sobre el papel suena genial para jugar a títulos AAA durante horas, aunque habrá que ver si el ruido del ventilador no acaba siendo molesto en entornos silenciosos.
Y para alimentar todo esto, la marca ha optado por una batería de 7.400 mAh con tecnología de silicio-carbono. Es una cifra monstruosa que debería garantizarte llegar al final del día (y probablemente del siguiente) sin buscar un enchufe, incluso dándole caña. Lo curioso es que, a pesar de este «tanque» de energía y el ventilador, el grosor se mantiene en unos razonables 8.7 mm, aunque el peso sube hasta los 227 gramos. No es una pluma, desde luego, y si eres de los que usa el móvil tumbado en la cama, más vale que tengas buen agarre si no quieres un accidente.

En el frontal nos encontramos con un panel OLED de 6,85 pulgadas que refresca a 144 Hz. Aquí iQOO no ha escatimado: brillo pico absurdo y una respuesta táctil diseñada para que no tengas excusa si pierdes la partida. De hecho, la interacción va un paso más allá del cristal: siguiendo con el apartado gaming del Ultra, cuenta con dos gatillos laterales de 600 Hz que te ofrecen controles adicionales (cada uno con gestos personalizables de toque y deslizamiento). Es un detalle clave para shooters, ya que liberas espacio en la pantalla y obtienes una respuesta mecánica más satisfactoria.
En cuanto a fotografía, lo que suele ser el talón de Aquiles de estos móviles, parece haber recibido algo de cariño. No esperes la calidad del mejor «cameraphone» del año, pero su sensor principal de 50 MP y, sobre todo, un teleobjetivo periscópico de 3 aumentos, sugieren que podrás sacar fotos decentes cuando no estés jugando.
El problema, como suele ocurrir con estas joyas tecnológicas, es su disponibilidad. De momento se queda en China con un precio al cambio que ronda los 695 euros para la versión base. Si llega a España o Latinoamérica, prepara la cartera porque los impuestos y la distribución seguramente inflarán esa cifra considerablemente. Es un equipo impresionante, sí, pero quizás excesivo para quien solo busca echar una partida casual al Candy Crush en el metro.
¿Crees que merece la pena sacrificar peso y diseño por tener gatillos físicos y un ventilador dentro del móvil?
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