15 diciembre, 2025

Es el fin de una era en el hogar conectado. iRobot, la empresa que hace dos décadas nos convenció de que un pequeño disco robótico podía encargarse de la limpieza de nuestros suelos, ha tirado la toalla. La compañía ha solicitado oficialmente la protección del Capítulo 11 de la Ley de Quiebras en Estados Unidos, marcando un punto de inflexión dramático para una marca que, durante años, fue sinónimo de innovación y comodidad.
Este movimiento no significa que la empresa vaya a desaparecer mañana mismo, pero sí confirma su estado crítico. Tras meses de rumores y cifras en rojo, la firma se ha visto obligada a admitir que su estructura actual es insostenible. Con una deuda acumulada que ronda los 1.000 millones de dólares, el pionero de la robótica doméstica busca ahora una reestructuración radical para intentar sobrevivir en un mercado que parece habérsele escapado de las manos.

La caída de iRobot no ha sido un evento repentino, sino una «muerte anunciada» que comenzó a fraguarse cuando los reguladores europeos y estadounidenses bloquearon la adquisición por parte de Amazon. Aquella operación, valorada en 1.400 millones de dólares, era el salvavidas que la empresa necesitaba para sanear sus cuentas y seguir compitiendo al más alto nivel. Sin el músculo financiero del gigante del comercio electrónico, iRobot quedó expuesta y debilitada.
A esto se le suma un cambio drástico en el ecosistema de los aspiradores inteligentes. Mientras iRobot se centraba en defender sus patentes, marcas asiáticas como Roborock, Dreame o Xiaomi le arrebataron el liderazgo tecnológico ofreciendo sistemas de navegación láser y estaciones de autovaciado mucho más avanzadas a precios más competitivos. La Roomba, que antes era el estándar de oro, empezó a percibirse como un producto caro y, en ciertos aspectos, estancado frente a la agresividad de sus rivales.

Para quienes tienen una Roomba patrullando su casa, el mensaje por ahora es de relativa calma. Al acogerse al Capítulo 11, iRobot puede continuar con sus operaciones diarias, lo que significa que el soporte técnico, las garantías y los servicios en la nube deberían seguir funcionando mientras se lleva a cabo la reorganización. Sin embargo, la empresa ya ha anunciado que planea una reducción significativa de su plantilla y la venta de activos no esenciales para intentar mantenerse a flote.
El objetivo final es emerger como una empresa más pequeña, ágil y, sobre todo, vendible. Es muy probable que veamos cómo la marca cambia de manos en los próximos meses, pasando a formar parte de algún conglomerado tecnológico que quiera aprovechar su reconocimiento de nombre y su todavía valioso catálogo de patentes. No obstante, el camino hacia la rentabilidad será extremadamente duro en un sector donde los márgenes son cada vez más estrechos.
Es una lección de humildad para toda la industria tecnológica: ser el primero en llegar no garantiza, ni mucho menos, ser el último en quedarse. iRobot definió una categoría entera de productos, pero se perdió en la transición hacia un hogar inteligente más integrado y económico. Ahora, la duda es si este proceso de bancarrota será un nuevo comienzo o simplemente el último capítulo de una historia que cambió nuestras casas para siempre.
¿Comprarías hoy un producto de una marca que se encuentra en pleno proceso de quiebra o prefieres apostar por sus competidores asiáticos?
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